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Almizcle (Musk)
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Es un aroma vigoroso, muy fuerte, que se expande rápido como una flecha y es utilizado como fijador por la industria del perfume.

El almizcle proviene de una glándula del vientre del macho del ciervo almizclero (fam. Moschidae) que habita en el Himalaya, Nepal, y Asia central. Esta glándula produce un olor que atrae a las hembras en época  de celo.

Es un aroma tan cercano a la testosterona que podemos percibirla en cantidades tan pequeñas como 0,000000000000001 gr. Actualmente el comercio del ciervo almizclero del Himalaya y de productos derivados está regulado por todos los países miembros de la Convención sobre el Comercio Internacional de las Especies en Peligro de la Fauna y la Flora salvaje (CITES). Su importancia en perfumería es tal que el investigador suizo que obtuvo  almizcle de síntesis recibió el premio Nobel.

Se dice que estimula la libido de los hombres. Quizá fuera por eso que Cleopatra amaba el almizcle por  encima de todos los demás aromas. También en la Francia de Luis XV era usado por su favorita, Madame de Pompadour: 20 años después de su muerte su habitación todavía conservaba el aroma de almizcle.

Aloe (también llamado Agálogo o madera de Agar, o Aquilaria)
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También se llama agáloco, madera de agar o calambac. Los japoneses le llaman “jinkoh” o “kyara” y en el mundo islámico se conoce como “oud”. Es la madera aromática más rara y apreciada. Es producida por varias especies de árbol del género Aquilaria. Crece en medio de las junglas de Laos, Birmania, Camboya, Malasia, Filipinas y  Borneo. Debe su nombre científico a los portugueses que recuperaron su comercio al llegar a la India en 1502 y la llamaron la madera del águila (Aquila), aunque ya en el Antiguo Testamento se cita el áloe como  ofrenda de incienso.

El origen de esta madera aromática está lleno de misterio. En su estado normal es un árbol aburrido de madera blanca, ligera y sin olor. Tras ataques de insectos o pájaros o ramas que se rompen por el viento o la lluvia, a veces empieza a segregar una resina para cauterizar la herida. Esta resina se difunde por el árbol en un proceso alquímico que dura decenas de años hasta que todo el árbol acaba impregnado y origina su inigualable aroma. La madera se vuelve oscura y tan pesada que no flota en el agua. Por eso en Japón se llama « jinkoh »: madera que se hunde. La fragancia del aloe es profunda, rica y terrenal. Algo dulce y, a la vez, con un punto balsámico. Su fragancia resuena en las profundidades del alma. Cuesta más que el oro y es mucho más preciosa.

Ámbar
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No tiene nada que ver con la resina fosilizada del mismo nombre de color anaranjado. El ámbar usado en perfumería proviene de una especie de ballena, el cachalote. Los cachalotes tienen un sistema respiratorio muy desarrollado que les permite sumergirse en las profundidades marinas en busca de calamares gigantes que engullen enteros. Estos calamares tienen un pico parecido al de los loros y, para que no dañe su sistema digestivo, los cachalotes segregan una sustancia  que lo envuelve durante la digestión y que posteriormente expulsa por la boca. Esta sustancia es el ámbar gris.

No se sabe bien cuándo empezó a utilizarse pero las primeras noticias que tenemos provienen de Oriente Medio en el s. VI. También aparece citado por Marco Polo. Los árabes lo usaban mezclado con café y para aromatizar bebidas refrescantes.

En el siglo XVI  hubo una emperatriz en China que amaba el ámbar. Por aquel entonces los chinos empezaron a utilizarlo pero desconocían su procedencia. Por esa época los portugueses habían llegado a China para evangelizar y comerciar. Estos le propusieron al emperador desvelarle el secreto del origen del ámbar si se les permitía establecerse en Macao. Y así fue como los portugueses obtuvieron derechos sobre este puerto.

Anís estrellado
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Fruto desecado de un árbol de la familia del magnolio que viene de Indonesia, China, Vietnam… Da al incienso un toque delicado, chispeante y picante. Llena los templos de dignidad.